Los Caños de Meca

Desde lo alto del faro de Trafalgar, a un lado y a otro del Cabo del mismo nombre, blancas playas, bellas y solitarias se pierden entre los accidentes rocosos de los acantilados que viene a embellecer, aún más, el paisaje.
Haciendo frente a esta ribera continental de piedra y de arena, el azul extenso del mar se hace infinito ante nuestra vista, con sus pequeñas crestas de espuma, con sus barcos lejanos como minúsculos transportes de hormigas, ocultándose muy despacio por detrás de la redondez del Globo.

Desde tierra procedentes de sierras cercanas que enmarcan un escenario de picos y de collados, el agua dulce viene conducida al mar y cae a chorros desde los mil caños en las alturas.

También los españoles han empezado a descubrir el lugar, Los chalets de recreo abundan a la orilla del camino y algunas promotoras inmobiliarias han construido ya algunos bloques de apartamentos, que son adquiridos en propiedad o alquilados para la temporada de verano por una clase turística que es española casi en su totalidad.

La estrecha playa de los Caños de Meca se cierra con un acantilado que va ganando altura hasta formar el megacantilado de la Breña (más de 100 m. de altura), desde cuyas paredes caen en cortina, hacia el mar o la playa, la dulces aguas de sus acuíferos, creando un ambiente único en el litoral andaluz. En lo alto las Torres de Meca y del Tajo, vigilan este tramo de inaccesible costa, en la que se esconde alguna delicada cala que aprovechan los nudistas para disfrutar del baño en estado natural.